MENGIBAR POR SEBASTIAN BARAHONA VALLECILLO,”LA ERMITA DEL SEÑOR DE LAS LLUVIAS”



LA ERMITA DEL HUMILLADERO Y DEL SEÑOR DE LAS LLUVIAS

            Debido a la reconstrucción que recientemente ha sufrido la ermita del Señor de las Lluvias, pues así es conocida popularmente, hemos querido añadir unas notas históricas, para que sea mejor conocida.

Pero, ¿se ha llamado así siempre la ermita?, ¿desde cuándo existe como tal? Son las primeras preguntas que podíamos hacernos. Quizá las dudas sobre el nombre se resuelven, cuando el 25 de julio de 1765, la vecina de Mengíbar, María de Aguilar Gutiérrez, manda en su testamento “ofrecer una misa al Santo Cristo de las Lluvias, que se venera en la ermita del Humilladero de esta villa” . Ello nos indica, muy claramente, que la ermita, en el siglo XVIII, era conocida por el Humilladero y que en ella recibía culto el Señor de las Lluvias. Quizá esa imagen del Señor de las Lluvias, como  veremos a continuación, sea la misma que años antes recibía un Cristo, conocido como Señor de la Salud, que, por sacarse en procesión, cuando llegaban las épocas de sequías, implorando la lluvia, es por lo que bien pudo cambiar, popularmente, de nombre.

            A la segunda pregunta, desde cuándo existe la ermita, la contestación es complicada, pues, según hemos visto en los documentos anteriores, en el siglo XVI, no hay noticias de la ermita del Señor de las Lluvias ni del Humilladero, ya que con los dos nombres será conocida. Sin embargo, será a principios del XVII, cuando ya empezamos a tener noticias de la misma. Así, en 1603, Isabel García, vecina de Mengíbar y mujer de Alonso Martínez de Escamilla, manda en su testamento “que se digan por su alma, cuando muera, cuatro misas  en el Humilladero, que está junto a esta villa y que se digan otras cuatro misas en la ermita de San Sebastián . Ello nos mueve a pensar que la existencia de la ermita en cuestión se inicia a finales del siglo XVI o principios del XVII, aunque desconocemos el año exacto en que se construye e inicia el culto en la misma.


            Afortunadamente, disponemos de datos que confirman que la ermita seguía abierta y recibiendo culto, como en 1663, cuando María Saeta, vecina de Mengíbar, mujer de Francisco Pérez Pretel, manda en su testamento que “de sus bienes se le haga un vestido de tafetán a la Virgen Santísima de las Mercedes, que está en la ermita del Humilladero”  También en  1675, Juan Delgado Barragán, vecino de Mengíbar, declara en su testamento “que su abuelo, Marcos Delgado, vecino que fue de esta villa, fundó una memoria en la ermita del Santo Humilladero, que está fuera de los muros de esta villa, por la que mandó que dijeren en dicha ermita todos los años, desde el día de San Juan Bautista, del mes de junio, hasta el de Nuestra Señora de septiembre, todos los días de fiesta una misa y que se pagare por ella dos reales”  Ya en el siglo XVIII, concretamente, en 1730, otra vecina de Mengíbar, María Valenzuela, manda en su testamento “que se le digan dos misas a Nuestra Señora de las Mercedes, que se venera en la ermita del Humilladero, a extramuros de esta localidad”.

            Pero serán ciertos documentos antiguos, pertenecientes a don Francisco Pretel de Gámez, clérigo de menores órdenes, natural y vecino de Mengíbar, los que nos darán a conocer más noticias de esta antigua ermita, que ha tenido a lo largo de su historia los nombres de Humilladero y Señor de las Lluvias, dependiendo de las imágenes, que en la misma han recibido culto .

            Esas noticias corresponden a su testamento, otorgado ante el escribano de Mengíbar Gregorio Sánchez de la Peña, en 1708. Textualmente, leemos en el mismo: “…Ytem se digan, el día de mi entierro, a Nuestra Señora de las Merzedes en su Humilladero, extramuros desta villa, seis Missas y se dé de limosna por cada una seis reales de vellón…”.

            Vemos que don Francisco Pretel llama a la ermita con el nombre de Humilladero. Sobre ese término,  el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua lo define como “Lugar devoto que suele haber a las entradas o salidas de los pueblos y junto a los caminos, con una cruz o imagen”. Los datos coinciden con la ermita, que está, justamente, a la salida de Mengíbar, junto al camino real o arrecife, que desde Castilla llegaba hasta Granada y Málaga, y, por lo tanto, se trataba de un lugar devoto o sagrado, al existir forzosamente la cruz y las imágenes de la ermita. Nos atrevemos a afirmar que delante de la ermita existiese el rollo o picota, signo de la jurisdicción de que gozaba Mengíbar desde 1574, que había servido para colgar y exponer, para ejemplo de los caminantes, los restos de los condenados a muerte. Normalmente, aquellos rollos, cuando se suprimió aquella funesta costumbre, se remataron con cruces, lo que podemos comprobar, precisamente, en Mengíbar, en las cruces de la “Tejera” y en la de la “Fuente Redonda”, situadas a la entrada de Mengíbar, por lo que la del Humilladero debió de desaparecer posteriormente. Otra noticia que nos suministra don Francisco Pretel es la presencia en la ermita de la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, que hemos visto en otras fuentes, citadas anteriormente.

            Unos años más tarde, concretamente, el 7 de abril de 1712, vuelve don Francisco Pretel a mencionar la ermita del Humilladero en una escritura de agregación de bienes al  Vínculo, que él había fundado . Se conocía entonces como Vínculo, según el citado diccionario, “a la sujeción de los bienes, con prohibición de enajenarlos, a que se sucedan en ellos los parientes por el orden que señala el fundador”. Eran muy frecuentes los Vínculos en siglos anteriores, con el fin de que todo el capital de un señor fuese pasando a un solo heredero, con el fin de que no se dividiese, aunque el resto quedase sin nada. En la citada escritura nos vuelve a dar datos muy concisos y curiosos, que son muy válidos e importantes para la historia de esta ermita, ya que él quiere hacer constar la influencia que ha tenido en la misma. Así, resumiendo lo más importante del contenido de la escritura, nos dice don Francisco Pretel de Gámez:

a)      La ermita está en estado ruinoso (se refiere al año 1708) y se han sacado de la misma las imágenes del Santo Cristo de la Salud y de Nuestra Señora de las Mercedes.

b)     Él estuvo, junto a otros eclesiásticos, pidiendo limosna, gracias a lo que se pudo “derribar y sacar los zimientos”, de una nueva construcción”, aunque no se pudieron terminar las obras por falta de medios económicos.

c)      Habiendo fallecido Baltasar de Aragonés, vecino que fue de Mengíbar, por su testamento, que otorgó en ella, el 27 de octubre de 1708, ante Francisco del Pozo, Notario Apostólico, dejó por heredero de todos sus bienes a la dicha ermita y obra, disponiendo que él fuese su albacea y dispusiese de todo el caudal. Después de cumplir con las limosnas, deudas y demás disposiciones testamentarias, con el superávit, que ascendió a once doblones de dieciséis pesos, prosiguió las obras hasta que la ermita quedó tal como en ese momento se encontraba, siendo completados los gastos con lo que él aportó, hasta que pudieron volver las imágenes a la ermita, cuando estuvo terminada, manifestando que las obras de construcción tuvieron lugar en los años 1708 y 1709 y que estuvo terminada en 1710.

d)     Él sacó a su costa las oportunas licencias para que los fieles pudiesen visitarla, así como bendecirla y poder decir misa en ella todos los días de fiesta del  “agosto”, para que asistiesen las gentes que trabajan en aquellas eras en las faenas de recolección, con la dotación de dos reales para el sacerdote que dijese la misa.

e)      Que ningún sacerdote quiso hacerse cargo de ir a decir las misas por esa cantidad, al estar la ermita a extramuros de esta localidad.

f)       Para que pudieran decirse las misas, a partir del mes de agosto próximo, ordena al heredero de su Vínculo que ha de ser a su costa el pagar un real en cada una de las misas que se digan en el Humilladero, además de la cantidad estipulada en la Memoria (Obra pía o aniversario que instituye o funda una persona y en que se conserva su memoria), que fundó Marcos Delgado de un olivar, que posee la cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, a favor del Humilladero, para que se paguen tres reales en cada misa, dos reales por la Cofradía y un real de su Vínculo.

g)      Que los días de fiesta, en que se dirán misas en la ermita, se han de contar desde el día de San Pedro del mes de junio, hasta el día de Nuestra Señora de septiembre, incluidos los días de fiesta que hubiese en el referido período.

h)      Manda que a su costa se dará la cera necesaria para el culto de la ermita, que se depositará  en el arca, donde se guarda la ropa y las alhajas de dicha ermita.

i)        También manda que será a su costa y del poseedor del Vínculo los gastos de adornos y reparos que tengan que realizarse en puertas, ventanas y demás cosas que hay en ella, salvo los vestidos de las sagradas imágenes, que se recaudarán con limosnas, como siempre se ha hecho, salvo que se hagan donaciones de voluntarios.

j)       Dice que habrá dos llaves de la ermita. Una la tendrá el vecino más cercano a ella y de más confianza para los clérigos que vayan a decir la misa. La otra, así como la del arca de los vestidos, estarán en poder del poseedor del Vínculo, para poder cuidar y vestir las imágenes y encender la lámpara, como hasta aquí se ha ejecutado.

En otro documento, de fecha 8 de julio de 1734, don Francisco Pretel de Gámez nos vuelve a hablar de la ermita del Humilladero, manifestando que estuvo pagando el importe de las misas hasta 1717 y que don Jerónimo Rentero, Prior de la parroquia, puso ciertos reparos, por lo que él suspendió la dotación a la ermita, que venía haciendo desde años anteriores. Pero observa que en este año (1734) la ermita vuelve a necesitar ciertos reparos y arreglos “en parte de la peana de yesso, Bastidor de la bentana y sócalos de todo el texado”, por lo que ordena a los futuros poseedores del Vínculo que hagan todos los arreglos que necesite el Humilladero, para que se mantenga con dignidad.
Continuara……..



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