LOS ROSARIOS DE LA AURORA EN MENGÍBAR II PARTE,por Sebastián Barahona Vallecillo


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LOS ROSARIOS DE LA AURORA EN MENGÍBAR II PARTE.

Sebastián Barahona Vallecillo Cronista Oficial de Mengíbar
Una tradición popular, emotiva y entrañable

Aunque sean el pueblo y sus gentes, sin ninguna distinción, los grandes protagonistas de esta tradición, hay que destacar la organización de los actos, que corre a cargo de las cinco Cofradías que celebran en esos domingos sus fiestas principales: Virgen de Fátima (último domingo de agosto), Jesús Na­zareno (antepenúltimo de septiembre), Virgen de los Dolores (penúltimo de septiembre), Virgen del Carmen (último de septiembre) y Virgen del Rosario (primero de octubre).Estas Cofradías, muy arraigadas y de gran devoción en Mengíbar, son las que organizan los actos y cuidan al máximo de todos los detalles, con el fin de que resulten lo mejor posible.También participan muy activamente el personal de la Parroquia de San Pedro Apóstol, tanto el párroco, como el sacristán, Antonio Moya Beltrán, que con el megáfono auna y coordina los cánticos y rezos del Rosario, así como los monaguillos, llevando la cruz parroquial. De las Cofradías, los Hermanos y otros vecinos, hablaremos en distintos apartados de este trabajo.

Podemos decir que todo empieza hacia las tres de la madrugada de los domingos, citados anteriormente. A esa hora, un grupo de Hermanos de la Cofradía que le corresponda se reúne en casa del Hermano Mayor para ir a nuñir o «muñir» al resto de los Hermanos. La esposa del Hermano Mayor, consciente de la inoportuna hora, obsequia a los presentes con unos dulces ca­seros, hechos, exclusivamente, para este momento, con recetas heredadas de sus antepasados, como hojuelas, pestiños o roscos de aguardiente, que son acompañados de una copita de anís dulce o de resol, que además colaborarán en gran manera para preparar las gargantas de los cantantes solistas de las coplasasí como de los que acompañan, cantando los estribillos a coro. No pueden faltar los que tocan las guitarras, el único instrumento que acompaña a1 grupo.
Cuando el Hermano Mayor indica, calculando el tiempo que se inver-tirá en hacer el recorrido por todas las casas de los Hermanos, el grupo abandona la casa del Hermano Mayor, cantando antes en su puerta la primera copla, una voz recia y fuerte rompe el silencio de la noche, acompañada del rasgueo de la guitarra como fondo. AI finalizar, el coro entona el estribillo.
Se inicia el recorrido por las casas de todos los Hermanos, Hermanas y camareras de la Cofradía, cantando en las puertas de todos ellos una copla, invitándoles a levantarse e ir al Rosario y llamándoles, hasta que dan muestras de que lo han oído. Así el grupo se va ampliando, comprobándose en el acompañamiento del coro. Algunas de las Cofradías, debido al gran número de Hermanos, tienen que hacer varios grupos para poder muñirlos.Son muchas las esposas de los Hermanos que obsequian al grupo, cuando llegan a su casa, con otra copita y un dulce, agradeciéndola los Hermanos, pues así vuelven a aclarar sus enronquecidas gargantas.Resulta verdaderamente emocionante y conmovedor despertarse en el silencio de la noche con esas encantadores coplas, cantadas con voces graves y recias. Creo que en esos momentos el que las oye, sea o no Hermano de la Cofradía, cree que está en otro mundo, en otro ambiente y que no es posible que sea cierto lo que está oyendo.Por fin se han recorrido todas las casas de los Hermanos, casi coinci­diendo con la hora del inicio del Rosario en la Parroquia de San Pedro Apóstol. Si hay que esperar, el clima, normalmente, es benigno a esas horas y se hace, sentados en los bancos de la plaza de la Constitución.La gente joven va llegando temprano a la plaza, agrupándose en sus co­rrespondientes pandillas, y también esperan en la puerta de la iglesia.
Sebastian Barahona Vallecillo

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