La opinión de Francisco León,’La Contribución’


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LA CONTRIBUCION

Quiero rendir homenaje a todos nuestros antepasados mengibareños que sufrieron en sus propias carnes, lo que a veces hemos creído un mito: el hecho de que por no pagar la contribución le quitaran su casa.

Es mito y fue realidad en unos tiempos tristes y en blanco y negro. Hoy esto no ocurre, aunque pudiera, llegado el caso. Quizá algunos jóvenes comprendan el miedo reverencial de nuestros mayores a dejar de pagar la contribución o a no encontrar las escrituras de la casa. Podemos considerarlos hoy miedos administrativos atávicos, si bien tienen una base trágicamente real.

La contribución en la actualidad se llama impuesto sobre bienes inmuebles, puede tratarse el bien de naturaleza urbana ó rústica y está configurada como un tributo de carácter local cuyo objeto está en relación directa con un inmueble, como su nombre actual indica. Puede gravar la casa donde vivimos, la que hemos heredado, una segunda vivienda, una cochera individualizada, un trastero, un local comercial, un chalet, un huerto, los olivares, la tierra calma, etc.

La trascendencia y el incremento de este tributo en los últimos 25 años ha sido a mi juicio desmesurados puesto que nos afecta, no solo en el impuesto que pagamos en abril o mayo de cada año, sino que tiene influencia también directa y anual en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (si no es vivienda habitual), en el Impuesto de Transmisiones (cuando compramos algún inmueble), en las ganancias patrimoniales y en el llamado plus valía (si vendemos) y en el Impuesto de Sucesiones, si heredamos por el fallecimiento de un ser querido.

En el importe que pagamos influyen: la superficie del inmueble, la actividad a la que se dedica -no es lo mismo un local comercial, que un almacén ó una plaza de garaje-, su calidad, su antigüedad, etc. Hay muchos ancianos que se encuentran atrapados: no quieren vender, viven con los hijos y con la pensión mínima de 636 euros al mes, se hace difícil atender el pago de la contribución, pues junto con el sello del vehículo y el seguro se llevan integra la paga de cada mayo.

En mi modesta opinión deberá producirse una rebaja de este tributo (en los próximos años) sobre todo cuando se trate de vivienda habitual, especialmente para las personas que llevan viviendo toda su vida en la misma casa. También para los emigrantes que han heredado un bien del que por cariño y nostalgia no se quieren desprender y al que acuden desde muy lejos: por vacaciones, por Navidad o La Feria. Sería una forma de ayudarles a mantener sus raíces y un vínculo de Mengibar con estos vecinos nuestros que marcharon obligados por las circunstancias y por aspirar a unas oportunidades que nuestra tierra no pudo darles.

Francisco León Valenzuela
Abogado.-

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