LA COFRADÍA DEL SANTO SEPULCRO DE MENGÍBAR


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LA COFRADÍA DEL SANTO SEPULCRO DE MENGÍBAR

Notas para su historia

Sebastián Barahona Vallecillo

Cronista Oficial de Mengíbar

En los Estatutos de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús de Mengíbar leemos textualmente: “Hemos determinado el hazer y fundar esta fervorosa Cofradía y Hermandad con el Título de asistir a Nuestro Dios Sacramentado en el Monumento de los dichos días de Jueves y Viernes Santo y asistir este último a la Procesión acompañando al Santo Sepulcro hasta dejarlo en esta dicha Yglessia y su Capilla como ha sido costumbre de ynmemorial tiempo a esta parte…”

 

            Si el texto anterior corresponde al año 1789, bien podemos suponer que debió de existir antes, quizá en los siglos XV ó XVI, una Cofradía del Santo Sepulcro en Mengíbar, en la iglesia de San Pedro Apóstol, que  desapareció, sin que conozcamos el momento ni las causas.

Hemos, pues, que partir, al hablar de la Cofradía del Santo Sepulcro de Mengíbar, del 1 de enero de 1928, cuando un grupo de futuros Hermanos, en número de 40, se reunía en la calle Pilarejo, nº 10, de Mengíbar, en casa de don Diego Chica Troyano, como dueño y propietario del Santo Sepulcro, con el propósito de fundar una Cofradía para venerar a Jesús Yacente. Que existiera en 1928, una imagen de Jesús Yacente nos confirma que debió de existir la Cofradía con anterioridad y que la imagen quedara en poder del citado don Diego Chica Troyano, porque, según los mayores, la había heredado de un familiar que había emigrado a América, cediéndole la propiedad, en el caso de que éste no volviera a Mengíbar, como así ocurrió.

Partimos, pues, de ese 1 de enero de 1928, fecha en que se funda la actual Cofradía del Santo Sepulcro de Mengíbar, cuando se redactan unas constituciones provisionales, en número de 11, de las que destacamos:

 

  • Los Hermanos se comprometen a asistir sólo a dos procesiones en el Viernes Santo: la del Santo Entierro, en la tarde, y la de Soledad, por la noche.
  • Si un Hermano falleciere, la Cofradía le daría a sus familiares 35 pesetas para el funeral, acompañándole en el entierro con la bandera de la Cofradía y 12 blandones, teniendo la obligación de que cuatro Hermanos saquen el cadáver de la casa.
  • El primer Notario de la Cofradía fue don Fernando Chica Tauste.

 

A lo largo de la historia, esta Cofradía ha sufrido dos interrupciones: la de 1932 a 1935, durante el régimen republicano, y la de 1936 a 1942, por la Guerra Civil. De las dos salió la Cofradía revitalizada, aunque el número de Hermanos se vio disminuido, quedando reducido a 21, en 1942, cuando se reorganiza la Cofradía, siendo Hermano Mayor don Rafael Moya Aguilera.

Pero las consecuencias de la citada Guerra Civil fueron tristes para esta Cofradía, pues la imagen del Cristo Yacente fue destruido, aunque no el Santo Sepulcro, por lo que la Cofradía se sirvió para las procesiones de un Cristo articulado de la iglesia de San Pedro, de una gran calidad artística. La Cofradía trataría, a pesar de los pocos medios con los que contaba, de conseguir una imagen propia. De ahí, que en el acta de la Cofradía, del 25 de mayo de 1960, siendo Hermano Mayor don Antonio Medina Moya, podemos leer que el pasado día 15 de abril pasado la Cofradía había estrenado una imagen de un Señor Yacente, adquirido en Olot (Gerona), gracias a los donativos de los Hermanos y de dos rifas, habiendo importado la misma 2.518 pesetas. También se acuerda que la nueva imagen fuese llevada a la iglesia de San Pedro y depositada en la capilla de la Virgen de los Dolores.

El 24 de marzo de 1967, la Cofradía estrena un Sepulcro nuevo, que fue costeado por doña Josefa Medina Arroyo, gran benefactora y devota de la Cofradía. El nuevo paso era llevado a hombros de los Hermanos, hasta que el 16 de abril de 1976, el mismo se adapta para carro provisto de ruedas, aunque posteriormente, a partir de 1999, vuelve a ser llevado a hombros de los Hermanos.

Si tuviésemos que definir a esta Cofradía mengibareña, creemos que a lo largo de la historia le han caracterizado el espíritu de hermandad, vivido en la Cofradía, la humildad de sus Hermanos y el comportamiento ejemplar de los mismos en todas sus manifestaciones. De ahí, que al paso de eta Cofradía y de la bella y sugestiva imagen de Jesús Yacente, la gente hace un gran silencio, mira a la imagen con emoción y agacha la cabeza. Es el momento de pensar en ese Cristo que lo dio todo, hasta la vida, y por todos nosotros.

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