Entrevista a Manuel Nevado, María José Iglesias y Juan Moya


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Entrevista de EL BLOG DE MENGÍBAR a Manuel Nevado, María José Iglesias y Juan Moya,profesores del Instituto de Enseñanza Secundaria María Cabeza Martinez

  1. Manuel, en tu opinión, ¿qué valor añadido crees que aporta la existencia de un grupo de teatro en el instituto?

 

MANUEL: La verdad es que yo nunca había pensado organizar un grupo de teatro en el centro; sin embargo, cuando Juan y María José me hablaron del proyecto me enamoré de su idea. Las buenas iniciativas hay que apoyarlas desde el primer momento, y esta me pareció extraordinaria. Siempre he defendido que las grandes empresas no triunfan si no hay un equipo implicado en ellas.

 

En cuanto al valor añadido por el que me preguntas, te diré que los beneficios que obtienen los alumnos al situarse frente a un público y convencerle de que quien les habla es otra persona son evidentes. Nuestros chicos no solo han mejorado su expresión oral durante su duro trabajo en el grupo de teatro, sino que han ganado confianza y seguridad en ellos mismos.

 

  1. Si te preguntamos en particular por Sin ti, no Haytí, y en general por todos estos años, ¿qué es lo más importante que te llevas a casa cada curso de este pueblo y de estos alumnos?

 

MANUEL: Respecto a la obra, lo más importante ha sido ver la satisfacción de los alumnos al darse cuenta de que esa obrita que llevaban ensayando meses es ya parte de su vida. Han sabido darse cuenta de que su esfuerzo ha obtenido la mejor de las recompensas: el reconocimiento de todos aquellos que han disfrutado de su interpretación.

 

Por otro lado, si me preguntas qué me llevo cada año de estos alumnos, la respuesta la tengo muy clara: ganas de seguir trabajando en esta profesión que me apasiona. Además, intento aprender de los errores y llevarme nuevas ideas que madurar durante las vacaciones para así desarrollarlas durante el siguiente curso. No me gusta recrearme en los resultados presentes y sí pensar en qué se puede mejorar de un año a otro. En las clases, últimamente, repito insistentemente que hay dos tipos de personas: los que hacen cosas y se equivocan, y los que no se equivocan nunca. Prefiero equivocarme mil veces a no intentar cambiar el mundo que me rodea.

 

  1. María José, Sin ti, no Haytí pone el broche final, este curso, al proyecto educativo Escuela Espacio de Paz que tú coordinas en el instituto desde hace varios años. ¿En qué consiste este proyecto?

MARÍA JOSÉ: Nuestro instituto lleva participando en el proyecto Escuela Espacio de Paz muchos años, aunque yo soy la coordinadora desde hace solo tres cursos.

 

Este proyecto abarca muchos ámbitos en relación a la vida de un centro educativo, todos relacionados con la CONVIVENCIA, y uno de ellos es el de promover actividades donde se desarrollen valores de solidaridad, respeto, esfuerzo, paz, compañerismo, etc.

Esta es la razón, por ejemplo, por la que en diciembre se lleva a cabo el concurso “El grupo que más pese” donde se trata de que el alumnado traiga alimentos para entregarlos a asociaciones que lo necesiten (este año recogimos más de 700 kilos) o se celebra el Certamen de Villancicos o se realizan actividades de tutoría donde el alumnado elabora sus normas de clase o lleva a cabo actividades de limpieza, reciclaje y cuidado del medio ambiente, entre otras muchas.

Se trata, pues, de fomentar a través de los tutores  con sus grupos de clase o en actividades en las que participen muchos grupos a la vez, esos valores tan preciados y tan necesarios en la sociedad actual.

Este año, a principios de curso, un grupo de profesores nos planteamos realizar una actividad en la que participaran alumnos de todas las edades y se buscara la unidad y la cohesión entre el alumnado del instituto.  Fue cuando Juan Moya me dio su obra para que la leyera… y lo vi claro, había que formar un GRUPO DE TEATRO (teniendo en cuenta todos los beneficios que esto supone) y había que representar Sin ti, no Haytí.

Porque esta obra refleja el valor del esfuerzo, potencia lo positivo del trabajo y del estudio, lo importante que es la familia, resalta valores de ayuda ante las dificultades, los beneficios del amor… y, por supuesto, pone de manifiesto las necesidades que existen en los países subdesarrollados para los cuales es vital y esencial nuestra solidaridad.

  1. Se pidió a los alumnos y al resto de espectadores que llevasen un donativo de un euro. ¿Cuántos habéis recaudado?¿A qué se destinará ese dinero?

MARÍA JOSÉ: Pues, efectivamente, ya que en la obra se refleja la construcción de una escuela gracias a la ayuda humanitaria, pensamos en que lo mejor sería ser nosotros también, a raíz de esta actividad, ejemplo de solidaridad y ayuda con los más necesitados.

Decidimos poner un donativo simbólico de 1€ y que tanto los alumnos por la mañana como el resto de espectadores por la tarde colaborara en la medida de lo posible. ¡¡¡Y ha salido mejor de lo esperado!!!! En total se han recaudado 637€. ¡Estamos muy contentos! De los cuales una parte será destinada al apadrinamiento de la niña de Paraguay (que llevamos haciendo ya varios años) a través de la ONG Ayuda en acción, a la ONG SavetheChildren y a nuestra asociación de Mengíbar Abriendo Camino. Tres asociaciones que ayudan a que niños se desarrollan y reciban una educación de calidad y en las mejores condiciones posibles.

Aprovecho para señalar que, desde el primer momento, todos los componentes del grupo de teatro han visto bien la finalidad de la obra y el destino del dinero recaudado, lo cual dice mucho de lo grandes niños y niñas que son.

  1. Las alumnas y alumnos participantes nos han contado que tuvieron que superar un casting interno para formar este grupo. ¿Puedes contarnos cómo fue esa experiencia? ¿Qué tipos de alumnos fueron seleccionados?

MARÍA JOSÉ: Sí. Una vez que decidimos montar el GRUPO DE TEATRO había que darlo a conocer y saber si había alumnado interesado. Para ello pusimos carteles y pasamos por todas las aulas anunciando los días de castings. El alumno debía prepararse pequeños fragmentos de una obra, una canción, un monólogo…lo que mejor supiera interpretar.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando el primer día que los convocamos para comenzar las “audiciones”  estaba el salón de actos lleno. Qué alegría. A partir de ahí, fuimos citándolos los recreos hasta que tras varias semanas conseguimos escucharlos a todos.

Ahora venía la parte difícil: seleccionar a los 30 que tenían papel en la obra. Decidimos que los papeles protagonistas serían para alumnos mayores y, entre todos, escogimos a los que mejor se podían ajustar a cada uno de los papeles. Después, valoramos las ganas de hacer teatro, de tener la oportunidad de hablar en público, de pertenecer a un grupo o, incluso, de motivarlos para seguir viniendo al instituto… Ni los más listos, ni los más torpes, ni los más chicos, ni los más grandes…En la variedad está el gusto.

Como dije al principio, llevo tres años siendo coordinadora de Escuela Espacio de Paz en el instituto y cada año vamos un poco más allá… porque hay compañeros que se desviven por el alumnado y tienen ganas de trabajar con ellos y porque hay muchos alumnos  (la mayoría) que quieren trabajar y quieren construir una sociedad mejor. Cuidemos a nuestros jóvenes, de nosotros depende cómo lo hagamos, ellos son nuestro futuro.

  1. Juan Moya es el autor y director de esta obra.¿Por qué un grupo de teatro en el instituto?

JUAN: Para mí es un orgullo trabajar como profesor en el instituto donde me formé. Una de las mejores experiencias en mi adolescencia ha sido hacer teatro. José Ignacio Fernández y Alfonso Martínez Foronda me dieron la oportunidad de iniciarme en esto, dentro del Albariza, y luego tuve la suerte  de formar parte de Getsemaní Teatro.

En este sentido, para mí se cierra un ciclo. Y tenía en mente esto desde que volví a mi instituto, el curso pasado. Ahora soy profesor donde estudié, y director de un teatro en el sitio donde representé como alumno. He trabajado en varios colegios privados, concertados y públicos, por institutos de todas las provincias de Andalucía. De hecho, con los famosos recortes en educación (que también son argumento transversal de Sin ti, no Haytí), acabé como profesor de EL (Español como Lengua Extranjera) en un colegio de Daventry (Inglaterra), y me sorprendió mucho que una de las asignaturas que se impartían en el sistema británico fuese “Drama” (sobra traducirlo al español).

Nuestro sistema educativo es muy competitivo, y, al menos yo, no lo entiendo de otra manera: “La escuela debe formar para la sociedad y la sociedad es competitiva”. Mientras que las “nuevas” (entre comillas porque no son tan nuevas) corrientes educativas, hablan de trabajo cooperativo, este tipo de tareas solo sirven para que los alumnos vagos y desinteresados se lleven una buena nota a costa del trabajo duro de los compañeros más aplicados y motivados. Sin embargo, en el teatro, ambos límites se borran:

Por un lado, desde el reparto de papeles, los alumnos dejan de competir entre ellos, y todos aúnan sus esfuerzos por un bien común, que es el éxito de la representación. Hemos borrado de un plumazo la envidia y la competitividad.

Por otro, ningún papel es menos importante. Si el “pipas”, que no habla en toda la obra, coloca el árbol delante del proyector, la cagamos todos; si vuelca un decorado, nos deja en ridículo a todos; si los personajes que hacen de figurantes en la fiesta final no sonríen y bailan, el público no entiende qué es lo que celebran los protagonistas. Acabamos de borrar entonces el complejo de inferioridad de otro plumazo y hemos inyectado autoestima por un tubo.

Por tanto, hay una palabra que resume todo esto del “por qué teatro”: compañerismo. No he sentido esa pertenencia en ninguna otra experiencia que haya participado de la misma forma que haciendo un teatro.

 

  1. ¿Por qué Sin ti, no Haytí?

JUAN: Como apuntaba antes, en el año 2010, trabajé en Granada en el Colegio Sagrado Corazón. Ese año ocurrió el terremoto de Haití.  Yo no compartía el ideario del colegio (invito a reflexionar a mis lectores sobre la importancia de una educación pública y de calidad); pero sí que compartía los valores de solidaridad, amor y ganas de luchar por un mundo mejor… Así que, impactado por lo que ocurrió en Haití, me puse a escribir, y en poco más de un mes me planté en el despacho de la directora del centro (la Madre Superiora Mari Carmen), con la idea de montar un grupo y representar mi obra ante toda la comunidad educativa (alumnado y padres desde educación infantil hasta segundo de bachillerato), y recaudamos miles de euros para la ayuda humanitaria en aquel país. El curso siguiente quisieron hacerme fijo, jaja, pero yo aprobé las oposiciones y preferí pasarme a la pública.

El año pasado, Haití volvió a sufrir un huracán devastador, y otra fuerza devastadora, la de mi compañera María José Iglesias, me animaba a embarcarnos en este proyecto. Así que le di la obra para que la leyese, le encantó (dice ella jajaja), y decidí añadirle dos actos más (a partir de “las fiestas de la aldea”), para actualizar motivos y trama.

La obrita es algo modesto. Yo no soy dramaturgo. Pero está plagada de contenidos transversales y educación en valores: las condiciones de vida en países subdesarrollados, los paraísos fiscales, la fuga de cerebros, los desastres naturales en nuestro planeta, el drama de los refugiados, los desahucios… Pero el amor y las ganas de vivir son más fuertes que todo esto: María superará su enfermedad; Bruno saldrá del abismo en que cae para volver a ser un pilar en su familia; Andrés transformará su rebeldía contra todos en ganas de perseguir sus sueños; Madie, Raquel y Dikos, junto con la ayuda de Ana y el padre Juan, conseguirán sacar adelante a la comunidad haitiana… El público, por otra parte, se convierte en partícipe de este desenlace feliz: de ahí el título de la obra.

  1. ¿Dificultades?

Conseguir llevar a escena una obra de teatro, incluso algo como Sin ti, no Haytí, es harto complicado. Por un lado, Manuel, María José y yo hemos dedicado jornadas “seven eleven” desde hace cinco meses, y somos los únicos trabajadores que no cobramos horas extras: no nos reducen clases, ni nos pagan más. Iglesias, Nevado y yo recibimos un tarro con “horas gratis” en la cesta de Navidad.

Por otra parte, el apoyo del centro, sin señalar a nadie, tiene que mejorar bastante. Yo no pretendo que nos hagan un homenaje, pues la satisfacción ya viene sola con los resultados. Pero tampoco me gusta tener la sensación de que estamos siendo un estorbo para el funcionamiento del centro, ni me agrada que nos limiten los ya de por sí escasos medios y las dependencias de los que dispone el instituto, ni nos gusta andar mendigando donativos a los departamentos didácticos para comprar una tela y pinturas… Y mucho menos, que después de todo, esto nos cueste el dinero comprando material, para colmo, de nuestro propio sueldo. El centro tiene recursos, limitados, pero más que suficientes. Y pienso que merece la pena dar el máximo apoyo para estas iniciativas.

En cuanto a los alumnos, tienen que enfrentarse a una carga lectiva importante, sumado a las actividades extraescolares. Y este plus de memorizar el guion y asistir a los ensayos los deja echando humo. Cuando un personaje no se sabía su papel, nos hacía perder el tiempo a todos. Tener que regañar a un alumno por algo que es voluntario es duro para mí, pero necesario para el bien de todos. Algunos se han quedado en el camino, y eso es lo que más siento. También va por ellos este logro.

Pese a todo, la lección que estos chicos transmitieron es clara, y vas más allá del escenario, es una lección de vida: si se cree, y se trabaja, ¡se puede!

  1. ¿Qué es lo más positivo?

Sin duda, todo es positivo. No conocía a muchas de las actrices y actores que han participado; y ahora he ganado treinta pequeños amigos. El día del estreno los veía cantar, gritar, bailar y sonreír como si hubiesen ganado la Champions. Vi a padres llorar de emoción por sus hijos, y vi a niños llorar de emoción por sus logros. Una alumna tuvo que irse a urgencias después del primer pase con un ataque de asma, y en la segunda representación estaba con una mascarilla cambiando los decorados. Nuestro protagonista, David Orejuela, es un alumno con muchísimas dificultades, no aprueba un examen ni con el libro delante (lo digo desde el cariño máximo) y ha sido el verdadero “galáctico” de todo este tinglado: ¡tenemos un diamante en bruto y no lo sabíamos! hay alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo, uno de los protagonistas tiene problemas de audición…

Después del primer pase, en la segunda actuación los alumnos se relajaron. Me dio mucha rabia, ya que era la función que nos grababan (por cortesía de STUDIO VICAS que se ofreció a grabar la función en HD y a realizarnos un reportaje fotográfico totalmente gratis), y fui severo con ellos en mis críticas. Parece algo fácil, pero en cuanto relajas el nivel de tensión sobre el escenario, los errores se precipitan uno tras otro.

Por la tarde, antes del último pase, nos sentamos todos en círculo sobre el escenario, y tuve con ellos una charla motivadora. Nos enfrentábamos a un auditorio a rebosar (y eso que esta vez era con venta anticipada o en taquilla): familiares, vecinos, amigos… Incluso me encontré con alumnos, algunos absentistas, que ya habían ido por la mañana y querían volver a verla.

Se apagaron las luces, se hizo la magia, los actores y actrices lo bordaron, y dos horas después nadie quería salir del auditorio porque la felicidad circulaba en todas direcciones. Me quedo con ese momento.

  1. ¿Esperamos alguna representación más?

JUAN: Los chicos lo están deseando. Pero no depende de nosotros. Si es en periodo escolar, necesitaremos permiso de nuestro centro, así como algún otro instituto que se comprometa a ponernos un autobús, un bocadillo y plantar una hucha solidaria en su salón de actos. Si es durante el verano, estamos abiertos a propuestas del Ayuntamiento, cuyo apoyo agradecimos en cada una de las funciones y aprovecho para volver a aplaudir. ¡Los chavales ya nos lo están pidiendo a gritos!

  1. ¿Seguiréis adelante con el grupo?

JUAN: Eso tampoco depende de nosotros. Para empezar, tenemos que volver a coincidir los “coaches” en el IES María Cabeza. Y tenemos que sentarnos con el equipo directivo, para recibir sus impresiones, planificar la actividad con el departamento de extraescolares… Desde luego, en el instituto hay cantera; y me gustó más ver a los jóvenes llenando el auditorio que aburridos en los bancos del Paseo de España y en “la frase”. Eso sí, de momento me olvidaré de volver a escribir: me gusta más estar con Helena.

Felicidades y gracias por la entrevista a los profesores del Instituto de Enseñanza Secundaria María Cabeza Martinez e imagenes y como no ,una gran ovacion a los alumn@s que representaron magistralmente la obra en el Auditorio Municipal de Mengibar.

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