Charla en la inauguración del Museo de la Batalla,por Sebastián Barahona Vallecillo


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Dª Yolanda Caballero Escribano, Delegada de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Andalucía. D. Gil Beltrán Ceacero, Alcalde de Mengíbar. Dª Paqui Gálvez Pancorbo, Concejala de Cultura del Ayto. de Mengíbar. Sres. Concejales de la Corporación Municipal. Dª Úrsula Bertele de Allendesalazar. D. Alfonso Rojas Salcedo. D. Emilio Plazas Beltrán, Comisario de la Exposición. Sres. Alcaldes y Concejales de localidades vecinas. Presidentes de Asociaciones y Entidades de Mengíbar. Asociación “General Reding” de Bailén. Grupo de “Amigos de la Historia” de Mengíbar Señoras y señores, buenas tardes.

 

Hoy estamos viviendo un día importante, yo diría histórico, pues en breves momentos se va a proceder a la inauguración del nuevo espacio expositivo de la “Acción de Mengíbar 1808”, un acontecimiento, que, aunque se realiza después de 206 años de aquel episodio histórico, era lo que durante este tiempo faltaba en Mengíbar. Todo ello, con el fin de que los mengibareños sepamos valorar, justamente, aquel 16 de julio, quizá bastante olvidado por todos. Resulta bastante curioso y anecdótico, pero en el periódico “El Sabañón”, que se intitulaba Político e Independiente, y que se publicaba en Mengíbar en 1908, siendo director don Luis Troyano Troyano, en el número 13, del día 3 de junio de dicho año, aparece un artículo en la primera página, titulado “Un poco de historia”, del que es autor el citado director.

 

Escribía que en Bailén los vecinos estaban gestionando la celebración del primer centenario de la gloriosa batalla del 19 de julio de 1808. Opinaba que los hijos de Mengíbar debieran de hacer lo mismo, conmemorando la del 16 de julio del mismo año, por lo que debiera formarse una junta, presidida por el Alcalde, y hacer cuantas gestiones sean precisas para que Mengíbar figure en el lugar que le corresponde.

 

Después de conocer ese escrito, ¡cuántas preguntas podríamos hacernos! Pero sí me gustaría decir: ¡Cuántas conmemoraciones hemos olvidado o se han hecho tarde! Pasaron sin pena ni gloria, como hemos visto, aquel primer centenario de 1908, así como el cuarto centenario de la Libertad, que tenía que haberse hecho en 1974, y así, tantos y tantos otros. Afortunadamente, el 25 de marzo de 2006, se iniciaron actos conmemorativos de la Acción de Mengíbar, y el 16 de julio de 2008, se conmemoró con bastante solemnidad el segundo aniversario. Por ello, enhorabuena, a todos los que han hecho posible esta Exposición de la Acción de Mengíbar, sin olvidarnos y honrar la memoria de don José Manuel Allendesalazar Valdés, que tanto hubiera gozado en este día, aunque, eso sí, nos enorgullece la presencia de su viuda, doña Úrsula Bertele.

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Pero pasemos a continuación a exponer lo que fue aquel 16 de julio de 1808, y lo que ocurrió en Mengíbar. Los franceses en Andalucía El vergonzoso Tratado de Fontenebleau, de 1807, permitió que un cuerpo de ejército francés de 25.000 hombres y 3.000 caballos entrara en España con el pretexto de dirigirse a Portugal. El 28 de mayo de 1808, la columna del General Dupont se encuentra en las puertas de Andalucía, llegando a Despeñaperros el 31 de mayo, con el fin de dirigirse a Cádiz. El 2 de junio, el ejército francés está muy cerca de Mengíbar, concretamente, en Andújar, donde Dupont se entera que Andalucía está levantada en armas contra los franceses, por lo que deja un fuerte destacamento en Andújar y sigue su marcha a Córdoba.

 

El 19 de junio, Dupont envía un ejército a la ciudad de Jaén, al mando del Capitán de fragata, Baste. La Junta de Seguridad Pública abandona la población y los franceses entran con facilidad en la misma, sin oposición, saqueando iglesias, conventos y cometiendo toda clase de excesos. El 22, Baste regresa a Andújar, recibiendo órdenes de Dupont para que refuerce el paso de Despeñaperros y asegure la entrada de la División de Vedel, que llegaba de refuerzo. El Ejército francés vuelve a la ciudad de Jaén, mandado por el General Cassagne. El 30 de junio, la columna de Cassagne llegaba a Mengíbar, ocupaba la localidad con un destacamento y el resto se dirigía a Jaén, donde hubo combates entre españoles y franceses, retirándose parte de los franceses el día 4 de julio. Según fuentes de confidentes, se afirmaba que los franceses habían quemado en las parvas de las eras de Mengíbar muchos cadáveres, que traían consigo en carros.

 

El 6 de julio, los franceses abandonan Mengíbar. Los franceses vuelven a Mengíbar Pero pronto iban a volver, concretamente, el 13 de julio. Ese día tres Batallones de la 1ª Legión de Vedel, mandados por Liger-Belair, apoyados por un destacamento de Dragones y dos cañones ligeros, con unos 1.800 hombres, al regreso definitivo de Jaén, ocupan Mengíbar, vigilando, especialmente, los caminos principales, para impedir que Castaños conociera que había ejército francés en esta localidad. Por ello, establecieron fuertes controles, entre otros, en el abrevadero de la “Tejera” o “Pilarillo”, de donde entonces salía el camino que conducía a Arjona, Andújar, etc., así como el más importante, el paso de la Barca, el único medio, entonces, para pasar el Guadalquivir, en el camino Real de Toledo a Málaga. ¿Cómo era Mengíbar en 1808? Creo que nos gustaría saber cómo era aquel Mengíbar, en aquel famoso e importante año, 1808.

 

Lo primero que podemos afirmar es que el censo de población era de unos 1.360 habitantes y había 289 casas. Para alojarse en la localidad, los viajeros disponían de los mesones de la calle “Manuel de la Chica”, además de las ventas, junto al camino real, como la del “Arco”, y la del “Llano”, esta última utilizada por el servicio de postas. El gobierno de la localidad lo ejercían el Alcalde y los Concejales en el edificio del antiguo Ayuntamiento, situado justo donde se encuentra el actual. Ejercieron como Alcaldes ese año don Juan de la Chica, don Martín Saeta y don Joseph del Moral. El cargo de juez lo ostentaba don Ildefonso Ruiz.

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La iglesia de San Pedro tenía como párroco el Maestro Bachiller don Fernando de Medina y Torre, auxiliado por dos presbíteros y varios religiosos de conventos de Jaén. Existían las siguientes ermitas: San Cristóbal, el Humilladero y los Benditas Ánimas. La clase social nobiliaria estaba encabezada por el Duque de Montemar y Conde de Garcíez, perteneciente a la familia Ponce de León, propietario de la Casa Palacio y de un gran número de hectáreas de tierras y huertas. También estaban varias familias de apellido Lillo, dueñas de buena cantidad de tierras, y seguían los labradores acomodados, los braceros y los pobres de solemnidad. La principal riqueza de Mengíbar era la agricultura, sembrándose, principalmente, cereales y apenas existía olivar. Junto al Guadalbullón, había buenas huertas. Además estaban las dehesas, que aprovechaban los ganaderos. Las principales eran la “Vega del Barco”, las “Yeguas”, la “Vieja”, “Carchenilla”, la “Nueva” y el “Lantiscar”. La mayoría de ellas eran propiedad del Concejo. La Orden Militar de Santiago era propietaria del cortijo y tierras de Maquiz, desde 1225, por donación de Fernando III. Los propietarios, tanto de tierras como de casas en el término de Mengíbar, tenían que pagar anualmente el Censo de la Libertad, impuesto en 1579.

 

Las únicas industrias eran los molinos de aceite y los harineros, además de los hornos de pan cocer. Existía una sola escuela pública, que había fundado don Francisco Pretel de Gámez, a la que asistían los hijos de padres acomodados y un número reducido de alumnos pobres, de manera gratuita. El agua de beber procedía de varias fuentes, como la “Redonda”, la “Tejera” y la “Casa”. Debido a su poca potabilidad eran frecuentes, sobre todo en verano, las enfermedades gastrointestinales.

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Los mengibareños vivían pacíficamente hasta la invasión francesa. Con la llegada de éstos, la vida en Mengíbar cambió totalmente. Las noticias de los saqueos, robos, crímenes y violaciones de los soldados franceses corrían por los pueblos y ciudades como la pólvora. Es por ello que la tranquilidad se cambió por la incertidumbre del peligro, más cuando estaba tan cerca. Un arriero mengibareño rompe el cerco francés y da la noticia a Castaños de la presencia de franceses en Mengíbar En esas circunstancias, había que comunicar, urgentemente, a Castaños la presencia de los franceses en Mengíbar. De boca en boca ha llegado hasta nosotros la forma en que se hizo la comunicación. Había en Mengíbar un arriero, de apellido Aguilera, que se ingenió la estratagema siguiente.

 

Disponía de una veloz yegua, la cargó con cuatro cántaros vacíos en las aguaderas y se dirigió a la citada fuente de la “Tejera”, junto al abrevadero del mismo nombre. Los franceses le hicieron el alto y él dijo que iba a llenar los cántaros de agua. Lo dejaron apearse, empezó con parsimonia a llenarlos y, cuando los militares estaban más distraídos, subió a la yegua y, a toda velocidad, tomó el camino que conducía a Arjona, de donde seguiría hasta Porcuna, no pudiendo ser alcanzado, por más que lo intentaron. Consecuencias de la llegada de los franceses a Mengíbar Por las mismas fuentes sabemos que los franceses fueron alojados en las casas de Mengíbar, obligatoriamente, y a los que había que darles comida y pienso para sus caballos.

 

En aquel ambiente de odio al extranjero, pensamos que pueden ser muy ciertas las noticias que hablan de que algunos de aquellos franceses, de madrugada, fueron asesinados por los mengibareños y sus cuerpos echados en los pozos de las casas. Muchos mengibareños, conociendo las tropelías y expolios que los franceses iban haciendo por donde pasaban, abandonaran sus casas y se fueron a cortijos y caserías de su propiedad o de amigos y familiares, incluso a otras localidades, que estuvieran libres de invasores. Así consta en un original documento de la Cofradía de la Vera Cruz de Mengíbar, concretamente, en el libro de difuntos, del año 1808, que nos da idea de lo que supuso la llegada de los franceses a Mengíbar.

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Dice textualmente: “Juan Barragán, ermano que fue de esta Cofradía de la Santa Vera Cruz de esta Parroquial del Señor San Pedro de esta villa de Menxívar murió en el día (aparece en blanco) del año 1808 y no avía Notario y no se cumplió con los Sufragios de su Alma ni su asistencia de Cuerpo presente tampoco por los franceses que venían en el día y se fueron los abitantes del pueblo. Por ser verdad lo anoto. Barragán, Notario”. La nota se escribió en el libro, una vez que los franceses abandonaron Mengíbar El Ejército de Reding ocupa Mengíbar, tras un combate En la madrugada del 14 de julio, a las cinco de la mañana, las vanguardias del Brigadier Venegas, de la 1ª División de Reding, llegaron a Mengíbar. Sus fuerzas eran los Batallones Ligeros de los Tercios de Texas, Barbastro, 1º y 6º de Granada, y el Batallón de la Guardia Real Walona. Sin dar tiempo a la reacción francesa, las tropas españolas se lanzan al combate.

 

Un escuadrón del Regimiento de Caballería de Numancia, otro de Dragones de la Reina y otro de Cazadores de Olivencia, dieron una impetuosa carga sobre los franceses que ocupaban las entradas de Mengíbar, en la “Tejera” y en la Barca. Se combatió encarnizadamente, falleciendo tres soldados franceses, capturándose otros cuatro. Mengíbar volvió a quedar en poder del ejército español y los franceses abandonaron la orilla izquierda del Guadalquivir, haciéndose fuertes en la de la derecha. Reding llega a Mengíbar

 

En la noche del 14 de julio, llegó a Mengíbar el grueso de las topas de Reding, ya con notable apoyo artillero, estableciendo el Cuartel General en la Casa Palacio, propiedad de don Antonio Ponce de León, Duque de Montemar y Conde de Garcíez, Jefe de la Junta Provincial de Defensa de Jaén. Se cuenta que en la Casa Palacio se almacenó gran cantidad de pertrechos militares y munición de plomo, por lo que hubo que reforzar los entresuelos de las naves donde se almacenaban, refuerzos que aún pueden observarse.

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También fueron fundidos gran número de los sarcófagos romanos de plomo, encontrados en Iliturgi y conservados en el Palacio, para hacer más munición, con destino al ejército español. El Diario de Jaén, del viernes 15 de julio, informaba de la presencia del ejército de Reding en Mengíbar con la siguiente nota: “… El sargento graduado de alférez D. Francisco Peña, pasó ayer a saber de cierto la llegada de las tropas nuestras a Mengíbar y con efecto se ha encontrado hallarse allí 2.500 hombres con un obús y tres piezas más de artillería; esta tropa es una parte de la División del Sr. Reding que se compone de 9.000 hombres con diez piezas de artillería”. Primeras escaramuzas Dupont envía órdenes al General Vedel para que guardase el paso de la Barca de Mengíbar con un Batallón, y al General Gobert de que avanzase con sus tropas sobre Bailén, compuestas de unos 900 hombres y 200 jinetes.

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En la madrugada del día 15 de julio, Liger-Belair se decide a la lucha con un nutrido fuego desde la orilla derecha del paso de la Barca, al que responden los tiradores de Reding desde la otra, pero sin hacer ostentación de las fuerzas de que disponía, que era lo que deseaban saber los franceses. El calor era tan intenso que hacia las ocho de la mañana, los franceses y los españoles tienen que resguardarse en los olivares, cesando los combates. A consecuencia del tiroteo se prendió fuego en las mieses, que ya estaban para segarse. La 4ª Compañía de Zapadores, al mando de Goicoechea, apagó el fuego, evitando un desastre para los campos de Mengíbar. El General Vedel cree que no hace falta situar en Mengíbar más fuerzas de refuerzo, ya que Gobert estaba cerca.

 

Ello hace que aquel marchara con sus tropas a Andújar. Primeros momentos de la Acción o Batalla Viendo Reding el error de los franceses, principalmente, por el abandono de las tropas de Vedel, y queriendo aprovecharse de la ventaja numérica, pone en práctica su plan de batalla: – Sitúa en la orilla izquierda del Guadalquivir, frente al paso de la Barca, un Batallón del Regimiento de Infantería de Ceuta, compuesto por 200 voluntarios de Cataluña, un Destacamento de Caballería de los Regimientos de Borbón y España, y dos piezas de artillería. Los franceses tenían en la orilla opuesta entre 800 y 1.000 hombres. – Asesorado por mengibareños, Reding elige el “Vado del Rincón”, aguas arriba, a 3 km de Mengíbar, para el paso de las tropas españolas y coger a los franceses entre dos fuegos, lo que tiene lugar a las tres de la madrugada del día 16 de julio. – Al apuntar el día, el Brigadier de Irlanda, de las tropas españolas, don Juan Naghten, abre fuego de artillería y fusilería frente a la Barca, al mismo tiempo que el grueso de la División cruza el Guadalquivir por el citado Vado, aunque los franceses se habían dado cuenta de la estrategia, y un piquete de dragones, apostado cerca del Vado, da la alarma. – Venegas, al frente de la vanguardia española, continúa su marcha hacia los montes de Jabalquinto, con la idea de tomar una posición fuerte, que domine el vado, en el caso de que los franceses contraataquen.

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– El ejército francés pone sobre aviso al General Liger-Belair, que solicita el apoyo del General Gobert, que se encontraba en Bailén. Mientras tanto, el grueso español, con Reding a la cabeza, ha cruzado ya el Vado con el agua hasta la cintura, pero de una manera ordenada y continua. – En esa situación, los franceses se retiraron de sus posiciones en la Barca, muy probablemente al río Guadiel, esperando los refuerzos del General Gobert.

 

Se inicia la Batalla Cuando los franceses ven avanzar a los soldados españoles por el lado derecho, se parapetan en un recinto, aunque pronto la artillería española les causó muchas bajas y los batallones se apoderaron con rapidez del campamento, no teniendo más remedio Liger-Belair que ordenar la retirada hacia el río Guadiel, donde esperarían los auxilios pedidos al General Gobert, que acude con 900 hombres del Séptimo Regimiento Provisional y 200 Coraceros. El centro de la línea francesa estaba formado por el destacamento de Liger-Belair y el batallón del 3º Regimiento Suizo.

 

 

En la izquierda, desplegaron un batallón del 7º Regimiento y 150 coraceros. En la derecha, cuatro compañías del 7º Regimiento, 80 dragones y 50 coraceros. Frente a ellos, el General Reding desplegó unos 9.000 hombres y diez cañones. Sus unidades de infantería pertenecían al Batallón de Barbastro, el Tercio del Cuerpo Expedicionario de Tejas, el 3º Batallón de Guardias Walonas, el Regimiento de la Reina y el Regimiento de la Corona, apoyados por el Regimiento de Caballería de Farnesio, un escuadrón de Olivenza, otro de Numancia y el que formaban los voluntarios “garrochistas”.

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En esa situación, ante la superioridad numérica, la línea francesa se retira en orden, pero pronto vuelven a la carga los jinetes de Farnesio, Olivenza y los “garrochistas”. Los franceses del 7º Regimiento forman un disciplinado cuadro, que con sus cerradas cargas detienen a los jinetes españolas. El Capitán del Farnesio, don José Chérif, al mando de los “garrochistas”, es alcanzado en ambas muñecas y muere desangrado. También mueren los Alféreces, don Diego Aguirre y don Vicente Lariz. La línea francesa prosigue la retirada, desplegando en la orilla izquierda del Guadiel los restos de la División Gobert, que había llegado de Bailén para apoyar a Liger-Belair, compuesta de 900 infantes, 400 coraceros y cuatro cañones, a los que se añaden los restos franceses de Mengíbar. Reding decide en ese momento dar un pequeño descanso a sus tropas, con la idea de que su infantería se concentrara y que la artillería cruzase el paso de la Barca y se uniese al ejército. Seguidamente, se inicia un intenso duelo artillero, que vuelve a incendiar las mieses, que les rodean.

 

Es el momento en que los escuadrones de Olivenza y Numancia se lanzan a la carga, sobrepasando a la infantería de los Provinciales de Jaén y 1º de los Voluntarios de Granada. Quizá se adelantan demasiado, llevados de su ardor, porque son contracargados por el 2ª Provisional de Coraceros, unos 400 jinetes pesados, que al mando del Mayor Christophe, se lanzan contra los escasos 270 jinetes españoles, que, sorprendidos, no soportan el envite francés y vuelven grupas, mezclados con los franceses. La situación es peliaguda para la infantería española, que ve echársele encima tal amalgama de jinetes propios y extraños, viéndose obligada a abrir fuego in extremis, ante la amenaza de una rotura de la línea.

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En la retirada apresurada de los franceses hacia Bailén dejaron abandonado un cañón de a 4, con su tiro de mulas, el carro de municiones y otros dos carros cargados; uno con las maletas y equipajes de la oficialidad, y el otro, con monturas, sables, carabinas, pistolas y otros efectos de la Caballería. La masa de soldados franceses fue cargada por la Compañía de Lanceros de Jerez, mandados por su Capitán, el bizarro, don Nicolás Cherif, del Regimiento de Farnesio, que recibió dos balazos, falleciendo en el hospital, que se había instalado en Mengíbar. El ejército francés, viéndose derrotado, se retira a Bailén, aunque la División de Reding lo siguió, actuando la artillería española por ambos flancos.

 

Los coraceros, al mando del General Lagrange y del Mayor Christophe, cargan una y otra vez, pero resultan inútiles. Se combate a unos tres kilómetros de Bailén, cerca ya del “Cerro de la Harina” y las cargas españolas siguen teniendo gran acierto, y a cada cañonazo se veían aclararse las filas enemigas, cayendo en uno de ellos el General Gobert, de un casco de granada, que le produjo heridas mortales en la cabeza, falleciendo al día siguiente y siendo enterrado en la iglesia de Guarromán. El General Dufour, que tomó el mando, al observar el movimiento envolvente de los españoles, ordenó la retirada del ejército francés, siendo perseguidos por los bravos soldados de Reding, ya sin miedo a los míticos coraceros franceses.

Juan Lanzas Martos

Al llegar a este punto, Reding no se atrevió a continuar con el ataque, porque se sentía poco ayudado por el General Coupigny, del que no tenía noticias, y, sobre todo, porque temía que el General Vedel apareciera de pronto por su flanco izquierdo. Concluido el combate por agotamiento físico de ambos contendientes, el ejército de Reding se retira a Mengíbar, a eso de las dos de la tarde, siendo motivo de controversia el por qué de ese abandono de un campo de batalla, cuando tenía superioridad notoria y con el enemigo descabezado de su jefe. Sin embargo, la hábil y oportuna retirada de Reding engañó a los Generales Ligel-Belair y Dufour, que creyeron que los españoles marchaban hacia la derecha, para unirse a la columna del Coronel Valdecañas, con el fin de apoderarse de los pasos de comunicación de la sierra.

 

Reding, con las topas exhaustas por la larga caminata, retrocede hacia los vados de Mengíbar, donde la tropa puede descansar y, sobre todo, refrescarse. Y, sobre las cuatro de la tarde, desde su Cuartel General de la Casa Palacio, redacta el parte de la batalla al General Castaños, su inmediato superior. La Batalla, Combate o Acción de Mengíbar costó al ejército español 35 muertos, 125 heridos, 3 contusos y 25 extraviados.

 

Las bajas de los franceses debieron ser mayores, pero se ignora el número. El ejército que luchó en Mengíbar fue abastecido con 9.800 raciones de pan, 4 arrobas de arroz, 6 fanegas de garbanzos y 1 arroba de aguardiente, además de lo que los mengibareños aportaron a los soldados alojados en sus casas. ¿Cómo se vivió en Mengíbar aquel 16 de julio? Aunque carecemos de noticias escritas, la tradición oral y algunas fuentes nos han hecho saber de cómo se vivió aquel importante día en Mengíbar. Sabemos que muchos mengibareños se ofrecieron a luchar en el ejército, pero, al no ser posible, ofrecieron sus animales de labor, sus armas, y su colaboración, por lo que es posible que ellos transportasen bagajes, mensajes y colaborasen en algunas tareas.

 

Pero siempre no militares. En la Casa Palacio se improvisó un hospital y en la Fuente, llamada desde entonces de “los franceses” se organizó un hospital de campaña. Jóvenes de ambos sexos, provistos de cántaros de aquella fuente, llevaron durante toda la jornada botijos y jarras de agua, para las sedientas gargantas de la atmósfera irrespirable por el humo de la pólvora. Debió ser impresionante ver todo el pueblo de Mengíbar en la “Cruz del Estudiante”, donde hoy está la Casa de Cultura, contemplando el desarrollo de la batalla.

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En el altar mayor de la iglesia de San Pedro, la imagen de la Virgen del Carmen, cuya festividad se celebraba, precisamente, ese día, recibía las oraciones de los mengibareños de todas las condiciones sociales, para que la victoria fuese de los soldados españoles. Los soldados españoles, alojados la mayoría de ellos en las casas de los mengibareños, descansaron en Mengíbar la tarde del 16 y el día 17 de julio, recibiendo el homenaje de admiración de todos los vecinos. También los miembros de la Junta de Defensa de Jaén se desplazaron a Mengíbar para felicitar a Reding y a sus soldados, además de interesarse por los heridos y asistir al entierro de los fallecidos. Hemos de destacar que Reding expuso en la Casa Palacio las corazas de los soldados franceses muertos, para que los soldados españoles viesen que sus balas las atravesaban y dejase de ser un mito la creencia contraria. Se ha conservado, por tradición oral, la noticia de que el Ayuntamiento de Mengíbar, para homenajear a los vencedores, organizó distintos festejos, entre los que destacó un baile popular, al que asistió todo el pueblo.

 

Cuando todo transcurría con satisfacción y alegría, llegó la orden superior de que cesara el baile, porque los soldados tenían que salir de campaña. Las mozas mengibareñas no se lo pensaron y con gran valentía cortaron las correas de los caballos, haciendo imposible su marcha, por lo que, con el permiso de Reding, el baile se prolongó unas horas más. Amaneciendo el día 18 de julio, las fuerzas españolas abandonaron Mengíbar con dirección a Bailén. Faltaban pocas horas para que los franceses volvieran a ser derrotados en la gran batalla, con toda justicia, llamada de Bailén. Allí estarían Reding, Venegas, Coupigny… y aquellos soldados, que habían vencido en Mengíbar. Transcendencia de la victoria de Mengíbar La victoria de Mengíbar sobre los franceses repercutió en la provincia de Jaén y en el resto de España. Así, la prensa provincial se hizo eco de ella, como lo atestigua el DIARIO DE JAÉN, del domingo 17 de julio, que publicaba una crónica de la misma. También lo hizo, el 10 de agosto, el periódico “EL CORREO DE JAÉN”, en su número 1, publicando una crónica, más real y detallada que la anterior, pues contaba con mejores y fieles fuentes de información.

 

El Cabildo de la Catedral de Jaén organizó fiestas conmemorativas por las batallas de Mengíbar y Bailén, el viernes, 29 de julio. Conviene resaltar que el señor Canónigo, don Juan Sereno, propuso al Cabildo que: “… le parecía quedase acordado por el Cabildo que en el día 16 de julio de cada año se hiziese una procesión Claustral con el Te Deum en acción de gracias al Señor por las victorias conseguidas sobre el Exército Francés en dicho día del presente año en los campos de Baylén y Mengívar”. En la misma reunión se acordó que se sacaran en procesión las imágenes de Jesús Nazareno y la Virgen de la Capilla, y llevarlas a la Catedral, donde se celebrase una misa de Acción de gracias.

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El 18 de abril de 1816, Fernando VII crea la Cruz de Distinción a los militares que tomaron parte en la Acción de Mengíbar, el día 16 de julio de 1808, contra las tropas del General Gobert y describe su diseño y da normas para su otorgamiento. Un Batallón del Regimiento de “Bailén nº 24” pasa a denominarse “MENGÍBAR Nº 71”, por Decreto de 18 de marzo de 1844. Sabemos que existen muchos otros testimonios de aquel glorioso día, pero sería demasiado largo enumerarlos. Final Hemos querido describir el desarrollo y las circunstancias, que rodearon a una célebre batalla, combate o acción, el término poco importa, contra el ejército francés, ocurrida en Mengíbar el 16 de julio de 1808, en el que resultó vencedor el ejército español, que, justamente y con todo derecho, ha pasado a la Historia de España. Gracias, de corazón, en nombre de todos los mengibareños, a la Corporación Municipal y demás colaboradores, por haber hecho realidad lo que era de justicia. Soy testigo de cómo esta Corporación ha hecho todo lo posible para que hoy tengamos este espacio expositivo. Enhorabuena. Y, cómo no, a doña Úrsula, por el noble gesto que ha tenido con Mengíbar.

 

También muchas gracias a ella y un recuerdo muy especial para su querido esposo. Sí quisiéramos, aquí y públicamente, rendir homenaje a todos aquellos valientes soldados, muchos de ellos, por no decir todos, desconocidos, por la valentía demostrada, así como a los oficiales y jefes, por la estrategia seguida aquel histórico día, luchando por su patria y la libertad.

 

Todos ellos asombraron a los pueblos y ciudades de España y también a las naciones de Europa, por haber vencido a un ejército, que hasta ahora había sido invencible. También a todos aquellos habitantes de Mengíbar, que fueron testigos de tal hazaña y que sufrieron la presencia y acoso del ejército francés. Por ello, estamos orgullosos de que una calle de nuestro Mengíbar fuese nominada por la Corporación Municipal, el 10 de enero de 1977, como calle del GENERAL REDING. Quizá en el callejero de Mengíbar falte otra que podría nominarse como calle “DEL 16 DE JULIO”.

Y nada más. Muchas gracias por su atención.

25 de octubre de 2014 Salón de Plenos del Ayuntamiento de Mengíbar

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